MONASTERIO DE SAN FRANCISCO

En la parte alta de la villa, abriéndose en la actual plaza del Deán, se levanta la construcción de ladrillo que da vida al antiguo monasterio de San Francisco.

La orden se implantó en Pastrana en el año 1460, en los antiguos Herreñales, extramuros de la villa, justo encima de la ubicación de donde luego se levantaría en el siglo XVI el actual palacio ducal de los príncipes de Éboli. En 1569 los duques de Pastrana, Ana de Mendoza y Ruy Gómez, acogieron el patronato del templo colmando de arte sus estancias con retablos, rejas y otros ornamentos entre los que cabe destacar la presencia de los escudos nobiliarios de la familia en la nave central del monasterio.
Desgraciadamente el lugar quedó abandonado desde el año 1836 debido a la desamortización de Mendizabal.
En el libro de Antonio Herrera Casado, Pastrana una villa principesca (Aache, Guadalajara 1992), podemos leer "en la fachada ofrece un atrio de cinco altos arcos semicirculares, revestidos de ladrillo, que rematan en un cuerpo corrido adornado de pilastrones y abierto de grandes ventanales (...). El interior del templo es de sorprendente belleza. De una sola nave, cubierta de bóveda de elegante crucería, en la que aparecen capiteles simples formados de elementos vegetales y escudos heráldicos de Mendoza. También ofrece algunas capillas laterales. El patio calustral es de planta cuadrada, sus muros con arcos están construidos totalmente en ladrillo, dando la imagen perfecta de la sencillez franciscana."
En la cripta del monasterio de San Francisco fueron enterrados los hijos pequeños de los príncipes de Éboli. Tras la rehabilitación del edificio en los años 90, su acceso está cerrado por una capa de grueso cemento que cubre el suelo. Aproximadamente, la entrada a la cripta se encontraba en el crucero de la iglesia.

 

En la actualidad, en convento de San Francisco en un centro de reunión con diferentes salas acondicionadas para actos culturales. Todo ello gira en torno al popular Restaurante Convento de San Francisco en el que se come bastante bien, rodeado de un ambiente incomparable.
La nave central de la iglesia conventual, muy deteriorada y pendiente de una restauración que le devuelva su antigua gloria, sirve hoy de parking para el camión de la basura (sic) y en ocasiones centro de exposiciones para ferias en las que se promocionan los productos típicos de la Alcarria y Pastrana, y donde, en ocasiones, podemos toparnos, como vemos en la imagen, con la propia princesa de Éboli.

 

© Nacho Ares 2008