Guillermo Rocafort

El príncipe de Éboli. Ruy Gómez de Silva

Entrevista al autor del libro, Guillermo Rocafort


 

¿Por qué comenzaste a interesarte por la figura del príncipe de Éboli? ¿Cómo llegaste a él?
Fue un guante que amablemente me lanzó Carlos Clemente San Román, el arquitecto restaurador del Palacio Ducal de los Eboli, en Pastrana. Guante que recogí, y muy gustoso le devolví junto con esta novela sobre Ruy Gómez de Silva.
Muchos años estuvo Carlos restaurando ese magnífico palacio y oyendo los “susurros” de Ruy. Sólo tuvo que transmitirme su experiencia y su propuesta, y caí rendido al ofrecimiento. También fue un enorme aliciente el entusiasmo y apoyo de Juan Pablo Sánchez Sánchez–Seco, el Alcalde de Pastrana, muy sensible a propuestas histórico–literarias como ésta. A ello, por supuesto, contribuyó mi interés por la Historia y la Gloria de la España Imperial. Todo ello contribuyó a crear un cóctel mágico que me emborrachó de interés por el personaje al primer sorbo.

¿Tenías al principio la idea generalizada de doña Ana de Mendoza como una mujer frívola y a medida que profundizaste en la figura de Ruy cambiaste de opinión, o desde un principio sabías que no debió de ser tan pérfida como la pinta la Historia?
Yo me he centrado básicamente en la figura de Ana de Mendoza mientras compartió su vida con su esposo Ruy. Siempre tuve la intuición de que era un personaje maltratado por la Historia, y me llevé una grata sorpresa al comprobar en mis investigaciones que estaba ante una esposa y madre ejemplar. Creo que la “Leyenda Negra” salpicó de lleno a esta mujer, desdibujando su vida, y afectando gravemente a la memoria de su esposo. Ella era una Mendoza, con una infancia bastante traumática, pero los años de convivencia en común dieron a Ruy Gómez de Silva una “paz y felicidad doméstica” que sustentaba firmemente su visión del Imperio.

¿Cómo ves el papel de “bálsamo” por parte de Ruy en las locuras de su esposa?
Los temperamentos de ambos esposos eran muy distintos, así como sus orígenes, pero hicieron virtud de la unión de estas diferencias; se equilibraron, se amaron y fueron muy felices. Un hombre que es capaz de poner paz y armonía en su hogar, puede afrontar con mayor éxito otras empresas, incluido el gobierno del Imperio, que otros que se frustran y ahogan en desavenencias y desgarros familiares.

Tu novela es casi una biografía. ¿Qué cosas nuevas aporta a la historiografía de este importante secretario?
Su visión del Imperio. Sus sueños. Sus ideales. También sus temores y traumas. El príncipe de Eboli representa el cenit de nuestro Imperio, sustentado sobre la visionaria política de los Reyes Católicos. Tras él, todo se empezó a desmoronar. Sin él, nos empequeñecimos. No soy una eminencia literaria ni histórica, pero este es mi aporte personal a una profunda investigación y reflexión que pretende localizar las causas de la Decadencia. Un sincero análisis de conciencia de nuestro gran fracaso contado en primera persona por el propio Ruy.

Tú tienes el mérito de haber dado el pistoletazo de salida sobre una línea de investigación de la que no se había dicho nada en España, por desgracia. Cómo ves que no se haya traducido, por ejemplo, la excelente biografía de James Mark Boyden (The Courtier and the King. Ruy Gómez de Silva, Philip II, and the Court of Spain). ¿Qué crees que queda por decir de Ruy Gómez?
De Ruy Gómez de Silva queda por decir e investigar mucho. Yo he escrito una novela histórica, he hilado la que creo que fue su vida, con los aspectos que considero más destacados. Pero estoy seguro que dada su trascendencia histórica y su poder político, un solo día de la vida de Ruy daría para escribir más de un libro. Mi enorme satisfacción es la de haber recuperado a este personaje del trastero de nuestra Historia. El libro de Boyden es un pozo sin fondo, pero debe ser pulido. Abre líneas de investigación fascinantes. Es un punto de partida ideal. Sinceramente creo que este hombre debería estar, junto con otros que posteriormente mencionaré, en la Real Academia de la Historia, para transmitir a nuestras “lumbreras” las enormes vetas históricas que han descubierto.

¿Qué documentación empleaste para realizar la novela? ¿Te costó encontrarla?
Fue una tarea ardua pero muy gratificante. Algunas de las claves más importantes de mi libro están en la abundante correspondencia entre dignatarios del Imperio y los informes de los embajadores en España de las repúblicas de Venecia y Génova, de entre los que destacaría el Archivo de la familia genovesa de los Doria. Han sido también fuentes de inspiración los libros de Ricardo de la Cierva que abarcan el siglo XVI, como por ejemplo su soberbia biografía Yo, Felipe II y su monumental Historia Total de España, la biografía de El Gran Duque de Alba, de Henry Kamen, Éboli, de Nacho Ares, Historia de Pastrana de Mariano Pérez y Cuenca, y el Boyden mencionado, entre muchos otros.

¿Realizaste viajes para ambientarte en los sitios en donde estuvo Ruy?
Estuve en Pastrana varias veces, alimentándome de los “susurros” de los Éboli. Hay que ir a Pastrana, ver esa maravilla de nuestro mejor pasado, y enamorarse de su atmósfera y de su magia. Uno sentía como si al girar una esquina de sus calles se fuera a encontrar de golpe a los Éboli. Pastrana es el gran legado que nos dejaron; su último sueño. Es un municipio y unas gentes marcadas maravillosamente por los príncipes. Es un paraíso. También Alcalá de Henares y Guadalajara, con su soberbio Palacio del Infantado, son lugares ebolistas por excelencia. Y por supuesto el Madrid de los Austrias. Me queda por visitar La Chamusca, en Portugal, donde iré pronto, y la villa de Éboli, en Italia, para más adelante.

¿Qué es lo que desconocías del personaje y te ha impresionado más?
Lo desconocía casi todo del personaje. Y lo que más me ha impresionado es su dignidad, su sentido del deber y de la fidelidad, su visión de Estado, y su sosiego para afrontar sus enormes responsabilidades. En cuanto a esto último, para mí clave, destacaría que Ruy no sólo fue, como le llamó Carlos V, “El oráculo de Felipe II”, sino que también venía a representar la confianza en sí mismo del Imperio. Su apuesta fue la Paz Interior y cuando hubo que afrontar la violenta hostilidad francesa y turca, Ruy nos dio el impulso preciso para vencer sin temor al fracaso. Yo mismo he madurado mucho con este libro. Antes era un partidario acérrimo del duque de Alba, un “albista convencido”. Ahora siento un gran respeto por esta figura y su valor, pero creo sinceramente que la visión de Éboli era de una potencialidad y dinamismo muy superior a la de su contrincante.

¿Tienes pensado hacer más presentaciones del libro en otros lugares?
Esto no acaba más que empezar. Tengo ya cerradas presentaciones en Madrid, Guadalajara, Alcalá de Henares, Las Rozas y Málaga. Iré también seguramente a La Chamusca, localidad portuguesa donde nació Ruy, y sueño con pisar Éboli, en Italia. Iré allí donde me reclamen y tengan verdadero interés.

¿Cómo ha recibido la comunidad portuguesa tu libro?
Con asombro, pero también con enorme expectación y curiosidad. Creo que no ha existido en toda la Historia un portugués con tanto poder como Ruy. Para ellos va a ser un descubrimiento, mucho más que para mí. Don Sergio Morais, Alcalde de La Chamusca, tuvo una presencia y participación activa en la presentación de la novela en Pastrana. Me he reunido ya varias veces con el Agregado Cultural de la Embajada de Portugal en España, don Joao de Mello, y estoy seguro que vamos a hacer grandes cosas juntos. Este personaje y mi libro hermanan aún más a Portugal y España, y ello me hace muy feliz.

¿Cuáles son tus próximos proyectos editoriales?
Lo mío son “Los Almogávares”. El príncipe de Éboli ha sido sólo un paréntesis en mis investigaciones medievales. Me ha pasado lo mismo que a Nacho Ares con la princesa de Éboli, al salirse de su ruta egiptológica. Creo que ambos nos hemos oxigenado con los Éboli, para abordar con nuevos bríos nuestra actual vocación histórico–literaria. Pasada esta excedencia ebolista tan gratificante, volveré con la Hueste Almogávar a realizar nuevas cabalgadas, razzias e incursiones por nuestra maravillosa Historia.

© Nacho Ares 2007