TESTAMENTO DE LA PRINCESA DE ÉBOLI

Según lo cita Gaspar Muro en su libro Vida de la Princesa de Éboli (Madrid 1877)

 

Pastrana 2 de febrero de 1592
In Dei nomine amen: Notoria y conocida cosa sea a todos los que la presente escritura de testamento y última y postrimera voluntad y disposición vieren y oyeren, como yo doña Ana de Mendoza y de la Cerda, princesa de Éboli, duquesa de Pastrana, viuda, mujer que fui del príncipe Ruy Gómez, mi señor y marido difunto que Dios tiene, estando enferma en la cama, de la enfermedad que Nuestro Señor fue servido de me dar, en mi buen seso, juicio y entendimiento, conozco lo que veo y entiendo lo que me dicen, temiéndome de la muerte que es natural aunque incierto el cuándo ha de ser; habiendo procurado de limpiar mi conciencia lo mejor que la flaqueza y fragilidad humana me ha dado lugar y yo he podido entender, creyendo como firmemente creo en la Santísima Trinidad, Padre, y Hijo y Espíritu Santo, tres personas y una esencia Divina; confesando y creyendo, como confieso y creo, todo aquello que la Madre Santa Iglesia tiene y confiesa, como católica y fiel cristiana, aunque pecadora queriendo disponer de los bienes temporales que Dios Nuestro Señor me ha dado a su santo servicio, y de la gloriosísima Virgen Santa María, su bendita madre, a la cual siempre he tenido por mi intercesora o abogada, y le suplico me vaya por encomendada delante del acatamiento de su preciosísimo hijo, y sea mi intercesora, para que, no mirando mis culpas y pecados, haya piedad y misericordia de mi ánima, y con su favor y confianza; por esta presente carta en aquella vía y forma que mejor ha lugar de derecho, hago y otorgo este mi testamento, y última y postrimera voluntad en la forma y manera siguiente

Primeramente ofrezco mi ánima a Dios Nuestro Señor que la crió y redimió por su preciosísima sangre, y mando mi cuerpo a la tierra, donde fue formado, y que si de la enfermedad en que estoy muriese, sea sepultado en Nuestra Señora del Pilar de esta villa de Pastrana, o en la iglesia colegial de ella, de que yo soy patrona, en la parte y en la iglesia de estas dos que Ruy Gómez mi hijo quisiere y tuviere por bien.

Ítem, mando que mi cuerpo sea amortajado en el hábito del señor san Francisco.

Ítem, mando que el día de mi enterramiento todos los sacerdotes que se hallaren en esta villa digan misa por mi ánima, y acompañen mi cuerpo todas las religiones de los monasterios de esta villa.

Ítem, mando que se digan por mi ánima las misas que al dicho Ruy Gómez de Silva y Mendoza, mi hijo, le parecieren y tuviese por bien, las cuales se digan en las iglesias y monasterios que fuere su voluntad.

Ítem, mando que así mismo se digan por el ánima del príncipe Ruy Gómez, mi señor y marido, las misas que al dicho mi hijo le pareciere y tuviere por bien y se pague de mis rentas.

Ítem, mando que digan por las ánimas de los príncipes de Mélito mis señores padres, que están en el cielo, las misas que al dicho Ruy Gómez, mi hijo, pareciere y tuviere por bien, y se paguen de mis rentas.

Ítem, mando que me lleven de añal lo que a Ruy Gómez, mi hijo, le pareciere de mis rentas.
Mando a las mandas forzosas y acostumbradas lo que al dicho Ruy Gómez, mi hijo, pareciere.

Ítem, mando que cualquiera persona que viniere pidiendo o demandando alguna cosa que se le deba, de cien maravedíes abajo jurando, y desde arriba probando, mando se le pague de mis bienes y rentas.

Ítem, mando a doña Isabel de Mata, mi criada, para ayuda de su casamiento y tomar estado, que se le den mil ducados de mis rentas y hacienda.
Así mismo, mando que a la Caba, mi criada, natural de Santorcaz, se le den otros mil ducados para ayuda a su casamiento, o para tomar estado.
Así mismo, mando a doña Gregoria de Morales, vecina de Guadalajara, mi criada, otros mil ducados, para ayudar a su casamiento y tomar estado, y que los dichos mil ducados se pongan en poder del dicho Ruy Gómez, mi hijo, hasta que la susodicha se case o tome estado.

Ítem, mando a Maria Gómez, mi criada, otros mil ducados, y más mando que goce de todos sus partidos y salarios de criada mía, por todos los días de su vida, la dicha María Gómez, aunque no me sirva; porque es mi voluntad que por todos sus días de mis rentas y hacienda se le den en cada un año sus salarios y raciones como si sirviera.
Las cuales dichas mandas de las cuatro criadas de suso contenidas, mando se cumplan y paguen de mis bienes, y lo mando en la forma que más ha lugar en derecho, en favor de las dichas mis criadas.
Ítem, mando que a Diego Sánchez, mi criado, se le den de mis rentas y hacienda todo el salario y raciones que se le ha acostumbrado dar en mi casa, en razón del oficio que ha servido y sirve de repostero, y se le dé o pague lo que se le debiere, y demás de esto goce ver todos los días de su vida del salario y ración que así ha ganado, como si me sirviera; porque es mi voluntad que lo haya, y goce y se le pague de mis rentas en cada un año, aunque como dicho es no me sirva; lo cual le mando, porque ha muchos años que me está sirviendo, y porque es mi voluntad.

Ítem, mando que se vean las cuentas de Camilo Janizi, del tiempo que me ha servido de mayordomo con mi voluntad, y este tiempo, si se le debiere se le pague, estando las cuentas buenas; y del tiempo que ha servido contra mi voluntad después acá, no se le pague.
Ítem, mando que se le pague a Francisco Martínez, mi criado, vecino de esta villa, el salario y acostamiento de veedor de mi casa, todo lo que se le debiere del tiempo que me ha servido y sirviere, porque yo no le he despedido del dicho mi servicio.

Ítem, digo y declaro que Fr. Pedro González de Mendoza, mi hijo, al tiempo que hizo profesión en la orden del señor san Francisco, instituyó dos cape1lanías en su testamento, por ante el presente escribano, y me nombró por patrona de ellas para que pudiese nombrar capellán o capellanes que las sirvan, y que yo pueda nombrar patrón de ellas para después de mis días. En la mejor forma que ha lugar en derecho nombro por tal patrón de las dichas capellanías al dicho Ruy Gómez, mi hijo, al cual doy el mismo poder que yo tenía así para nombrar capellanes de ellas, como para declarar las misas y sufragios que los tales capellanes han de ser obligados a hacer y cumplir, y para que, después de sus días, que sean muchos, pueda nombrar patrón en quien suceda, guardando el tenor de la cláusula del testamento del dicho Fr. Pedro González, mi hijo.

Ítem, digo que es mi voluntad y mando que las cédulas que después de mi fallecimiento parecieren firmadas de mi nombre en favor de cualquiera de mis criados, así de vecinos y vasallos de esta mi villa, como de otras partes, se guarden y cumplan como en ellas se contuviere, y de mis rentas y hacienda se pague lo que por ellas yo mandare y ordenare, y pareciere haber mandado; por que así es mi voluntad, lo cual mando en la forma que más ha lugar en derecho, en su favor.
Ítem, mando que todos los criados y criadas que me han servido acudan a Ruy Gómez, mi hijo, para que, como mi testamentario, les haya de pagar de mis bienes y rentas lo que se les debiere, pues él sabe los que me han servido, lo cual se cumpla con mucha puntualidad.

Ítem, digo y declaro que ha muchos días que yo no he gozado del usufructo de las rentas y hacienda del dicho Príncipe mi señor y mías, ante lo cual suplico a Su Majestad el Rey nuestro señor tenga por bien y se sirva mandar que éste se vea, y lo que montare y pareciere haber valido en el tiempo que le he dejado de gozar, se acuda con otro tanto de mis rentas y hacienda al dicho Ruy Gómez de Silva y Mendoza, mi hijo. Y más le mando las villas de Vlela del Campo y Vlela de Castro, que son en la sierra de Filabres , y son bienes libres propios míos. Y esto lo mando en la vía y forma y orden que más y mejor ha lugar de derecho, en favor del dicho Ruy Gómez, mi hijo. Y si esto no hubiere lugar, le mande el tercio y quinto de todos mis bienes, rentas, y juros, y bienes muebles, joyas, oro y plata, y todo aquello que de derecho le puede mandar; porque ésta es mi determinada y última voluntad. Y le encargo que por todos los días de su vida en cada un año perpetuamente, haga hacer una procesión solemne desde la Colegial iglesia de esta villa a la iglesia de Nuestra Señora del Pilar, a intercesión de todos los santos con quien yo tengo devoción.

Ítem, que el dicho Ruy Gómez, mi hijo, procure que en sitio cómodo hacia el camino de Nuestra Señora de Val, en la parte que le tengo comunicado, haga hacer de mis bienes o rentas una iglesia muy suntuosa, en que Nuestro Señor sea servido, al cual dicho sitio, después de hecha la dicha iglesia, se pase la iglesia colegial de esta villa, donde sea trasladado el cuerpo del príncipe Ruy Gómez mi señor, y el del Príncipe y Princesa mis señores padres que hayan gloria, y mi cuerpo y todos los cuerpos de todos mis descendientes; en la cual dicha iglesia se instituirá una cofradía, como una cofradía que hay en Lisboa que es de Comendadores, que traen unas cruces pequeñas, de la misma hechura y forma que allá las traen, y como mejor al dicho Ruy Gómez, mi hijo, le pareciere; y han de ser hasta veinte cofrades o los que conforme a la renta pudiere alcanzar, conforme a lo que tuviere, que será hasta veinte mil maravedíes de renta cada uno; y el patrón de la dicha cofradía que ha de ser el dicho Ruy Gómez, mi hijo, ha de tener por el dicho patronazgo cuarenta mil maravedíes en cada un año; y que para hacer esta renta, se compren juros y otras rentas de los bienes y rentas que yo dejase por mi fin y muerte, para la perpetuidad de la dicha cofradía, a razón de como se pueda pagar los dichos veinte mil maravedíes a cada Comendador, y cuarenta al patrón como dicho es. Y esto sea perpetuamente y para siempre jamás. porque después de los días del dicho Ruy Gómez, mi hijo, suceda en este patronazgo su hijo el mayor, y no teniendo hijo, en la hija, y no teniendo hija ni hijo, la persona que él nombrase con que sea de nuestra casa; y en la dicha cofradía se hagan y pongan las constituciones y ordenanzas que para su perpetuidad convengan, entre las cuales sea una de que los dichos Comendadores hayan de ser y sean limpios cristianos viejos, sin raza ni descendencia de judíos ni moros, ni de otra secta alguna, y haciendo averiguación de su limpieza; y los dichos veinte mil maravedíes los ha de haber cada uno de los dichos Comendadores cada un año por sus días; y la dicha cofradía se haga con licencia de Su Santidad y de Su Majestad o de prelado que la pueda dar. Y lo que los dichos Comendadores tuvieren obligación de guardar y cumplir, se verá por la orden y fundación de la dicha cofradía de Comendadores de Lisboa, que en la misma forma de aquella se ha de hacer la de esta villa.

Y para cumplir y pagar y ejecutar las mandas, legados y pías causas de éste mi testamento y todo lo en él contenido, dejo y nombro por mis testamentarios y ejecutores de él al duque de Medina-Sidonia, y al duque de Francavilla, conde de Salinas, y al dicho Ruy Gómez, mi hijo, a todos tres juntos y a cada uno insolidum, a los cuales doy poder cumplido cuan bastante de derecho se requiere, para que luego como yo falleciere y pasare de esta presente vida, se entren por mis bienes, rentas y hacienda, y los vendan y rematen en almoneda pública y fuera de ella, y de los maravedíes de su valor cumplan éste mi testamento y lo en él contenido, para lo cual les doy y otorgo todo mi poder cumplido cual es necesario y se requiere. Y quiero y tengo por bien que si alguna cosa de éste mi testamente no se hubiere cumplido durante el año de como yo falleciere, los dichos mis albaceas y cualquiera de ellos, como dicho es, lo puedan hacer cumplir aunque sea pasado el año, a los cuales dichos duques de Medina-Sidonia y Francavilla y Ruy Gómez, mi hijo, encargo mucho lo hagan cumplir con mucha puntualidad y brevedad.

Y cumplido y pagado en el remanente que quedare y fincare de todos mis bienes raíces y muebles, derechos y acciones, dejo y nombro por mis legítimos y universales herederos al duque de Pastrana y a doña Maria de Mendoza, duquesa de Medina-Sidonia, y a don Diego de Silva y Mendoza, duque de Francavilla, Ruy Gómez y a doña Ana de Mendoza, mis hijos, los cuales quiero que hayan y hereden mis bienes, y los dividan y partan tanto el uno como el otro y el otro como el otro. Y revoco cualquier testamento o testamentos que antes de éste haya hecho y otorgado, que no quiero que valgan, salvo éste que al presente hago y otorgo, que quiero valga por mi testamento o codicilo, o en la vía y forma que más ha lugar de derecho, que es hecho y otorgado en la dicha villa de Pastrana en dos días del mes de febrero de mil y quinientos y noventa y dos años, y lo firmo de mi nombre ante el presente escribano. Y yo el escribano doy fe y conozco a su Señoría otorgante. La Princesa doña Ana. Pasó ante mí, Jerónimo Torrontero”.

© Nacho Ares 2005